La iglesia del Espíritu Santo la recuerdo prácticamente a oscuras. En 2017 pude entrar con mi cámara para fotografiar los preparativos de la procesión, y hacer fotos allí dentro resultó bastante más complicado que en mi anterior experiencia en la Catedral de Zamora.
La ilusión, en cambio, era muy parecida. Me habían permitido estar en un lugar desde el que podía ver una parte de la Semana Santa que habitualmente se queda fuera de la mirada de quienes esperamos en la calle.
Pedí permiso y me dejaron entrar
No recuerdo muy bien cómo gestioné aquel contacto. Sí recuerdo que me puse en comunicación con la hermandad y que me dieron permiso para acceder al templo y hacer fotografías durante los preparativos.
Me hizo muchísima ilusión. El año anterior había vivido una experiencia parecida con los preparativos del Silencio dentro de la Catedral, en 2016. Poder acercarme de nuevo a ese momento anterior a la salida era una oportunidad que agradecía mucho.
Desde la calle vemos la procesión cuando ya está formada. A mí también me interesa lo que ocurre antes, cuando quienes van a participar se están preparando. Esa fue la parte a la que pude acercarme gracias al permiso de la hermandad.
Una iglesia que da nombre a su barrio
La iglesia del Espíritu Santo está al noroeste de Zamora, fuera del recinto amurallado histórico. La historia de su sede que publica la hermandad la sitúa en el antiguo arrabal del Espíritu Santo, hoy integrado en el barrio de San Isidro, Espíritu Santo y Obelisco.
Un arrabal era un núcleo de población situado fuera de las murallas. Esa palabra ayuda a entender el lugar del que sale la procesión: su vínculo con Zamora empieza también en un barrio, alrededor de una iglesia pequeña, de una sola nave y origen románico. El templo fue consagrado el 12 de junio de 1211.
Me gusta tener presente ese punto de partida cuando pienso en el reportaje. La procesión reúne a las personas en la iglesia y las lleva hacia la ciudad; antes de verla pasar por el casco antiguo, hay una preparación que empieza aquí.
Fotografiar con poquísima luz
Lo que más recuerdo de la dificultad de aquel reportaje es la oscuridad. Dentro de la iglesia del Espíritu Santo había tan poca luz que fotografiar los preparativos me costó bastante más que en la Catedral.
Quien sale con una cámara sabe cuánto puede cambiar el trabajo cuando escasea la luz. Tener permiso para entrar te da acceso a la escena; después queda conseguir fotografiarla. Y aquello tenía su complicación.
Menos mal que en el huerto de la iglesia había iluminación. Ahí pude sacar bastantes fotografías de los cofrades que iban llegando para salir luego todos juntos desde la iglesia, acompañando al Cristo.
Los espacios también tienen sus nombres. El lugar donde fotografié las llegadas es el que en el Espíritu Santo se conoce como huerto. La ficha patrimonial de la Junta de Castilla y León distingue un patio de paso y el huerto, situado a una cota superior. La parroquia también utiliza la expresión «huerto anejo a la iglesia» en sus publicaciones.
Una hermandad cercana también en lo personal
Mi marido es cofrade del Espíritu Santo. También tengo un par de amigos que pertenecen a la hermandad. Mi relación con ella tiene, por tanto, una parte muy cercana y personal.
La Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo del Espíritu Santo forma parte de esa Semana Santa que conozco también a través de las personas de mi entorno. Poder entrar a fotografiar sus preparativos me permitió acercarme a ella desde otro lugar.
El Cristo que apareció dentro de un muro
El centro de esa procesión es un crucificado gótico anónimo del siglo XIV. Su historia tiene una fecha decisiva: el 14 de mayo de 1963 apareció emparedado en un nicho de la iglesia durante unas obras. Le faltaban el brazo izquierdo y la cruz, y tenía los pies serrados, según la reseña de la imagen que conserva la hermandad.
Ese mismo año Julián Román Gonzalo, «Alito», y Fernando Núñez Colodrón lo restauraron para devolverlo al culto. El nombre de Cristo del Espíritu Santo se tomó del templo. El motivo y el momento exactos de su ocultación siguen sin conocerse con certeza.
La talla es medieval; la hermandad que hoy la acompaña nació mucho después. Su historia institucional sitúa la aprobación de la corporación el 12 de diciembre de 1974 y su primera procesión el 21 de marzo de 1975, Viernes de Dolores.
Conocer esa historia me ayuda a mirar el reportaje con más contexto. Las personas que fotografié se preparaban para acompañar una imagen recuperada para el culto, alrededor de la cual se había formado una nueva hermandad.
En 2017 ya participaban mujeres
Cuando hice este reportaje ya había mujeres participando en la procesión. Es uno de los detalles que recuerdo y que diferencia aquella jornada de los preparativos del Silencio que había fotografiado en 2016.
La Junta Pro Semana Santa de Zamora explica que la reforma de los estatutos del Espíritu Santo, aprobada el 31 de mayo de 2010, permitió incorporar a las mujeres como miembros de pleno derecho. Esa fecha sitúa el cambio normativo; mi recuerdo corresponde a la participación que vi en 2017.
El hábito de la hermandad combina túnica blanca, cíngulo de esparto y capillo: la prenda que cubre la cabeza y cae sobre el pecho y la espalda. Su historia de la indumentaria explica la inspiración monacal de ese diseño. Es una forma de reconocer a la hermandad que también conviene tener presente al mirar sus fotografías.
Un mismo hábito, distintas tareas
Esa indumentaria compartida reúne a personas con funciones diferentes. Hay hermanos que acompañan con sus faroles, otros que portan las andas, cantores y responsables de organizar el cortejo. Los nombres de sus cargos y órganos de gobierno también recuerdan la inspiración monacal de la hermandad, como el abad y los cabildos.
La historia de las mayordomías explica que se asignan por antigüedad y tienen una función representativa en los cultos y la procesión. La vara identifica esa responsabilidad; la edad de una persona, por sí sola, no permite saber qué tarea desempeña.
Los celadores ayudan a ordenar la participación. El boletín de la hermandad de 2014 recoge sus indicaciones para la concentración en el huerto, la salida por parejas y la colocación de las filas. Es un ejemplo anterior a mis fotografías que permite entender algunas imágenes.
Mirar los preparativos también invita a fijarse en esa organización: antes de que una procesión avance, cada una de esas funciones tiene que encontrar su lugar.
El Cristo, el campanil y el incensario
Cuando hablamos de los pasos del Espíritu Santo, conviene distinguir la imagen titular de los otros conjuntos portados que forman parte del cortejo.
El Cristo va sobre unas andas diseñadas por Antonio Pedrero y realizadas en madera por Manuel Franco Fernández. Lo iluminan tenebrarios de hierro forjado, soportes para siete velas realizados por Miguel Fernández Calles. Así lo detalla la documentación de sus elementos procesionales.
El campanil es la campana que abre el cortejo, montada sobre una estructura de forja y portada por doce hermanos en la descripción de la hermandad. El incensario o pebetero, también de forja, sirve para quemar incienso y lo llevan cuatro hermanos. Ambos tienen sus propios portadores y funciones.
El cortejo incluye además la cruz guía, el pendón y las tinieblas, un instrumento que reúne ocho carracas accionadas mediante una manivela. La cruz de penitencia, llevada en alto por un hermano, cierra la procesión. Son elementos distintos, con trabajos de carga, iluminación y acompañamiento que ayudan a comprender todo lo que hay que preparar antes de salir.
Las voces que acompañan al Espíritu Santo
La música también tiene sus participantes: el coro está formado por cofrades. Dos composiciones de Miguel Manzano están especialmente vinculadas a esta procesión: Crux fidelis, que se interpreta durante el recorrido, y Christus factus est, para el acto penitencial ante la Catedral. La historia del coro explica esa diferencia.
Crux fidelis es un himno dedicado a la cruz. Christus factus est toma su texto de la carta de san Pablo a los Filipenses, sobre la obediencia de Cristo hasta la muerte y su exaltación. Los textos litúrgicos y las composiciones musicales tienen historias distintas: la música que identifica a la hermandad es obra de un compositor contemporáneo.
Junto a las voces, la campana del campanil y las tinieblas forman parte de su paisaje sonoro. El recogimiento del cortejo convive con esos sonidos. Este contexto explica la procesión que se prepara.
Lo que me queda de aquella oportunidad
Han pasado nueve años y no puedo reconstruir cada momento de los preparativos. Pero sí contar por qué me alegró tanto poder fotografiarlos: estaba viendo algo a lo que normalmente no tenía acceso como espectadora.
Cuando vuelvo a pensar en 2017, me queda sobre todo eso. Poquísima luz para las fotos y mucha ilusión por poder hacerlas. Nueve años después, sigo queriendo contar esa parte de la Semana Santa que empieza antes de que la veamos pasar.
Para conocer mejor el cortejo, puedes seguir leyendo en la ficha de la procesión del Espíritu Santo.



